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Decana de las Revistas
Biomédicas de Bolivia
Volumen LXX; número 12,
febrero - marzo 2005
Número dedicado a conmemorar el centenario de creación de la Revista
1905 - 2005
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UNA ENCICLOPEDIA HISTÓRICA DE LA MEDICINA |
PROLOGO
Si nos servimos de la colección de la Revista del Instituto Médico “Sucre” tendremos para observar, a modo de escaparate, la progresión de las circunstancias médicas en Bolivia. Es, en primer término, una enciclopedia en la que se puede hojear, desde marzo de 1905 a 2005, los acontecimientos en las distintas disciplinas de la Medicina; las repercusiones en los expertos de Sucre, inicialmente, y después, del país entero; la receptividad con que aquellos sucesos fueron tomados; y las reflexiones surgidas por la aplicación en nuestro medio.
Los médicos que ocuparon sus páginas escribieron, sin darse cuenta, la historia de la medicina regional. Preclaros galenos ofrecieron los temas que les preocupaba en esos momentos determinados, siguiendo la vertiente de la información para una enseñanza continua particular, y la no menos importante versión, quizás no perseguida directamente, de filosofar sobre los problemas de salud que afligían a las colectividades.
La Revista ha tenido constancia en el ejercicio adoptado de desplegar en el pasado aportaciones todavía vacilantes en el compromiso de hablar de una medicina nacional conjuncionando la diversidad de los ámbitos. Pero existió un propósito que se repitió desde tantos años: manejar métodos o instrumentos conceptuales propios o ajenos que permitieran la presencia de planteamientos hipotéticos con propuesta experimental. Como si tuviera fe en el poder de sus párrafos se alejó de ese campo estéril que es el refugiarse en cuatro paredes y no decir nada, no escribir nada, y sentó una cátedra comunicacional que analizaba en profundidad los problemas propios de Bolivia superando la falta de identidad en los aspectos nosográficos. Esto es adoptar métodos de pensamiento y usarlos para sopesar nuestras realidades.
En los últimos años demostró una apasionada entrega al quehacer médico pues tomó la insoslayable responsabilidad ante su público de dar una tribuna amplia a las ideas, interpretando el interés de los lectores y ordenando los conocimientos en una sucesión palpable de los avances de la Medicina.
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La propagación de la sífilis en el medio local constituyó una gran preocupación. Éste fue el motivo para que Aniceto Solares pronunciara una conferencia el 3 de febrero de 1917. Se ocupó brevemente de la historia y del agente patógeno. Describió los cuadros clínicos, porque "con ser una e indivisible, la avariosis puede simular multitud de otras enfermedades". Basó sus aseveraciones en autores franceses (Fournier, Gougerot). "Aun admitiendo la posibilidad de una curación completa, debe considerarse en todos los casos como una enfermedad muy seria - dijo - ...para los destinos del individuo y de la colectividad y qué poderoso factor de decadencia de la especie constituye". Refirió que se hicieron tentativas infructuosas de vacunación antisifilítica. Las preparaciones preventivas serían hechas de calomel, vaselina y lanolina. La therapia sterilisans magna era el 606 de Ehrlich. Señaló que no bastaba medicinar a un sifilítico, que hay que apelar a métodos de laboratorio: serorreacción de Wassermann, reacción colorimétrica de Vernes y luetinorreacción de Noguchi. El tratamiento debía extenderse del enfermo a su familia y a la sociedad, evitando la difusión y resolviendo los problemas sociales y psicológicos que la enfermedad determinaba. (Rev. IMS. No.35).
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Como terapéutica experimental se indica el permanganato de potasa como antídoto de la morfina. No obstante que era general el uso de lavado de estómago, los vomitivos, respiración artificial, e inyecciones de éter y cafeína, y se preconizaba el empleo de la atropina, Román Escóbar y Domingo Guzmán hicieron experimentos con animales, al cabo de los cuales el primero aconsejó que "sería necesario practicar inyecciones de permanganato de potasio en soluciones diluidas para transformar la morfina en inactiva y favorecer así la desintoxicación, a la par que procurar la diuresis con sustancias que llenan dicho fin". Se señaló también las dosis según las vías gástrica, hipodérmica o rectal empleadas. (Rev. IMS. No. 36/1918).
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El Manicomio Pacheco es un establecimiento nacional cuya primera piedra fue colocada por su fundador, el señor Gregorio Pacheco, el 2 de agosto de 188l y entregado a su funcionamiento el 10 de octubre de 1884. El Dr. Arcil Zamora pronunció una conferencia en celebración del XXI aniversario del "Instituto Médico Sucre" dando la alarma sobre el "estado lastimoso" de dicho manicomio. Fue entregado como establecimiento nacional el 10 de octubre de 1884; su costo ascendió a Bs. 121.780,l5; la dirección de la obra estuvo a cargo del arquitecto Carlos Núñez del Prado. El edificio constaba de dos cuerpos para separar a los pacientes por sexos, pero posteriormente la sección mujeres fue trasladada al Hospicio. En 19l8 se hallaban 115 enfermos en ambos manicomios. La sección varones tenía en ese año 32 celdas, de las cuales 25 estaban ocupadas, mientras que las otras servían de botica y aposentos del personal. Las de los enfermos eran ófricas, faltas de luz y ventilación. La sección mujeres era más estrecho y daba cabida a l5 pacientes que no podían caminar libremente porque los catres se encontraban dispuestos pie con pie. Habían otros cuartuchos que no tenían espacio para colocar un catre, y otros que estaban pegados a las letrinas y a los desagües. El relator protestaba una ayuda del H. Concejo y del pueblo de Sucre para hacer más humanas estas dependencias. Sólo se contaba con cuatro enfermeros y a ello se atribuía que no se podía controlar la permanente destrucción de la ropa de cama y de vestir que los pacientes ejecutaban continuamente. La alimentación era muy pobre; empezaba a la hora de las tizanas, a las 10 de la mañana un plato de chupe o lagua, a las 3 de la tarde los mismos platos o una taza de mazamorra con pan o reemplazado por mote, a las 6 de la tarde una infusión de canela. Los pacientes cotidianamente ofrecían escenas desesperantes por saciar su hambre con ese menú ínfimo. Apuntaba que la "plaza de Sucre es la que tiene un mercado más barato y en que se podría hacer este aumento sin demanda de grandes erogaciones". Un dato explicativo de la situación era la cantidad de 36 cucharas en ambos establecimientos. Para la atención propiamente médica se necesitaba de baños limpios, luz eléctrica para facilitar la vigilancia, el aumento de las Hermanas de Caridad, la provisión ininterrumpida de medicamentos y dotar de sueldos a los médicos. Decía también que "en las Cámaras Legislativas hace poco se discutía el Presupuesto Nacional y hubo representantes que calificaron de frondosa la asignación de 22 mil bolivianos al Manicomio, lo que daba un cociente de Bs. l5 mensual y por enfermo. Señaló que era urgente acudir a la filantropía nacional de la que ya habían dado muestras en "algunas provincias y principalmente las que tienen centros mineros..." que han hecho llegar "a una buena suma de 29.000 bolivianos y que pasarán de 30 con la entrega que haga nuestro colega Dr. Jaime Mendoza del producto que ya tiene reunido de la venta de su obra literaria..." (Rev. IMS No. 36. Ag. 1918).
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La demencia precoz, una de las enfermedades mentales más frecuentes en el mundo, parece tener un vínculo con el factor étnico, así - anota Jaime Mendoza - los judíos se hallan exentos de sufrir psicosis de origen alcohólico pero son vulnerables a ciertas formas de locura de tipo demencial como la parálisis general y la demencia precoz. Por las observaciones de este catedrático, es también elevada la incidencia de la demencia precoz en los manicomios de Sucre, y como estos institutos concentran a todos los alienados de la República podía él generalizar sus deducciones en el país. Del total de enfermos asilados una cuarta parte está formada por estos enfermos, que pertenecen a individuos blancos o mestizos exclusivamente. En un trabajo suyo (Rev. IMS No. 42. Junio de 1924) recalca más que nada ciertos puntos de esta psicopatía y evita entrar en detalles conocidos. Indica que el signo capital es la indiferencia en los sentimientos, ideas y acciones; el paciente ha perdido la curiosidad aun por aquellas cosas que atraen hasta a los imbéciles e idiotas. Éste es incapaz de reaccionar armónica y convenientemente a las excitaciones exteriores, y no reacciona en contra suya o de los demás con grados apreciables pues a él no le importa nada. Es apático y ha perdido el sentido vital. En la evolución del cuadro se añaden el negativismo, la sugestibilidad, las estereotipias, etc. Se presentan también algunos signos físicos como las estasis circulatorias, la respiración superficial, el pulso "muchas veces misérrimo y el corazón sin energía". Cree el autor que hasta las vísceras padecen de un estado de flojedad o de indiferencia letal.
Mendoza recalca que la predisposición es importante y a ella se suman los factores exógenos y endógenos, a tal punto que un "individuo no predispuesto, aunque sea un organismo débil y propenso a otras afecciones", no llega a caer en esta enfermedad. Lo que confirmaría la teoría del autor de que hay predisposiciones específicas en diversas enfermedades y la falta de éstas haría refractaria a la gente a estos padecimientos. Al contrario de otras formas de enajenación mental en que la anatomía patológica era poco o nada conocida, la demencia precoz había dado lugar a ciertos hallazgos interesantes, en los que se aseguraba que la región infraóptica estaba lesionada de un modo constante, precoz e intenso - como anotaba Mendoza - y que habían otras lesiones microscópicas en el tálamo óptico y cuerpo estriado (Dide y Guiraud). El autor concluía que la localización en la demencia precoz se hallaría circunscrita a una zona relativamente pequeña del encéfalo; sin embargo, sentaba todavía algunas dudas al respecto.
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El Dr. Ricardo Rivera hace referencia a la "nueva" ciencia de la Energética que ha dejado de ocuparse sólamente del mundo físico para extenderse a la materia viviente, e interviene en el metabolismo del ser para reparar las pérdidas de su organismo por medio de funciones especiales. La energía química aportada por los alimentos se tranforma en energía calórica o en una energía intermediaria, el trabajo mecánico (contracción muscular). El calor excedente y el producto de desgaste del organismo son vueltos a la tierra, de donde son tomados por las plantas, para reiniciar el ciclo. El mundo inanimado y la materia viviente no ofrecen más que mutaciones de materia y mutaciones de energía. Las excreciones dan el balance de los fenómenos del metabolismo, que pueden medirse para analizar el estado del ser, y, por otra parte, estos emunctorios deben mantener un tonus normal para no sucumbir con la autointoxicación. La piel, por la función secretoria de sus glándulas sudoríparas y sebáceas es uno de los emunctorios más importantes, de tal manera que el sudor es una forma de desintoxicación. Si se impide su eliminación por falta del aseo correspondiente, es dañino para el individuo. De esta manera el autor llega a plantear la necesidad de los baños especialmente a nivel del pueblo y hace un ligero comentario de tipo social para señalar que "en las grandes agrupaciones colectivas infecta el aire con el vaho pestilente de la mugre que lleva en el cuerpo; su decadencia física le hace fácilmente tuberculizable y es la primera víctima de las enfermedades epidémicas. Especifica a continuación los distintos sistemas de balneación a realizar en la práctica cotidiana de la higiene familiar, y reclama que "el Concejo Municipal debería instituir uno o dos establecimientos de baños públicos para el elemento obrero aun a costa de los mayores sacrificios". (Rev. IMS No. 39. Mayo 1920).
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En la memoria anual presentada por el Dr. Manuel Cuéllar, Presidente del Instituto Médico Sucre se encuentran algunos datos históricos sobre la institución. Al iniciarse ésta, el medio profesional era muy distinto al actual; el cuerpo médico "tenía estrechez de ideas bajo el influjo de pasiones mezquinas de pueblo pequeño", según el decir del mencionado profesional, "con hondas rivalidades que estrechaban la práctica consciente de la deontología médica". Los cursos libres que en ese entonces se dictaban para la enseñanza de la Medicina carecían de unidad y carecían de labores prácticas, y las lecciones se reducían a teóricas de distinta calidad. El nivel profesional no era, por lo tanto, bueno. Éste fue el motivo para que un grupo de médicos se reunieran, plantearan sus principios de superación y fundaran una Sociedad con el fin de tener un centro científico importante que hiciera progresar la profesión en ese medio, en la creencia que su comportamiento individual atraería al resto de estudiosos a una unión sin bajezas. En poco tiempo tuvo éxito pues cultivaba las relaciones profesionales dentro de la más grande corrección, y consiguiendo hacer realidad el término de "cuerpo médico" pues ellos actuaban solidarios y generosos al compartir los conocimientos. Obtuvieron que la Facultad de Medicina abandonara el sistema de cátedra libre y que ésta contara con un plan adecuado a los avances de la ciencia. En 1892 se instaló la Facultad Oficial con el apoyo del Estado, se instaló en los desmantelados altos del Colegio Junín con una reducida plantilla de profesores. Esta denominada Facultad no tenía muebles ni puertas, pero sus componentes levantaron cuotas y colaboración económica de los colegas del país entero, al mismo tiempo que la activa propaganda hizo que el Gobierno se interesara en dotarla de algunos implementos. Se formó la Biblioteca Médica en base a los libros numerosos que había legado el Dr. Núñez al padre del Dr. Cuéllar. Con el tiempo se adquirieron laboratorios y espacios para impartir las enseñanzas de la clínica. Paralelamente el Instituto fundó el primer museo de Anatomía Normal y Patológica y el primer laboratorio de Bacteriología, una oficina de Radiografía y un observatorio meteorológico.
Era la época en que la cirugía boliviana había sufrido un estancamiento porque no se aplicaba la antisepsia, "se sabía que con demasiada frecuencia el bisturí abría el camino al cementerio". Los desastres eran incalculables en Obstetricia, donde la fiebre puerperal reinaba por la falta elemental de aseo pues la enferma "durante los quince primeros días no tocaba el agua y se hallaba encerrada en una mefítica atmósfera con puertas y ventanas constantemente cerradas. Es increíble la acción que realizaron los nombrados catedráticos para ganar la confianza del público y, en su terreno, cambiar las inveteradas costumbres de los médicos que no sospechaban del origen de esas infecciones mortales. "Las generaciones modernas no se dan cuenta de la situación de entonces, ni del titánico trabajo que costó el modificarla..." El Dr. Cuéllar anotaba compungido: "Cualquier espíritu desprevenido pensaría tal vez que me refiero a hechos pasados hace dos siglos; y sin embargo, señores, el instituto no es tan viejo, aún no ha cumplido sus treinta años".
Hasta aquí sería el capítulo docente del Instituto. Posteriormente se separó oficialmente de la enseñanza pero siguió colaborando ilimitadamente a la Facultad de Medicina en cuanto a prestarle su local y su material científico, lo mismo que a ceder a sus miembros como catedráticos. En el interior de sus paredes fueron tratados muchos asuntos médicos y hasta algunas leyes de salubridad pública. En materia de Higiene Pública preocupó grandemente a los miembros el terrible flagelo que constituía la viruela y, como conseguir vacuna era costoso y la vacunación tenía que hacerse por el procedimiento de brazo a brazo, con todos sus peligros y accidentes, consagraron sus medios para instalar un Servicio de vacuna, que fue ampliándose con el tiempo hasta encargarse de la atención en toda la república. Ya en 1902 el Dr. Manuel Cuéllar había anotado su beneplácito por el progreso de ese compartimiento y el perfeccionamiento en su instalación y los procesos de cultivo. De todos los trabajos emprendidos por el Instituto ninguno más trascendental que éste que salvó innumerables vidas. A modo de dato complementario se puede anotar que el fluido vacuno fue expedido en el año de 1923 a la república en un total de 7.757 ampollas que sirvieron para l54.022 vacunaciones. El año anterior se había hecho la remisión de 9.9ll ampollas. En gran parte se pudo cumplir este servicio de Salud Pública por la puntualidad que mostró el Gobierno en sus asignaciones.
En 1924 adquirió el museo del Instituto una momia muy interesante, inhumada sin embalsamamiento, en perfecto estado de conservación, y extraido del Cementerio Público. Esta adquisición se añadía a los numerosos atractivos científicos de los museos del Instituto.
Terminó su Memoria el mencionado Director con estas palabras: "Procurar el mejoramiento de la Humanidad es llenar la sagrada misión que tiene el hombre sobre la Tierra". (Rev. IMS No.42. Junio l924).
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Es interesante conocer el artículo 3 del capítulo I del Estatuto del I. M. Sucre vigente a partir de 1924 en cuanto señala los propósitos de su existencia: "Es un centro de reunión y cultura médica; su objeto es, principalmente, el cultivo de la ciencia médica y afines; el estudio y discusión de los descubrimientos modernos relacionados con la índole de sus trabajos (especialmente los pertinentes a la Higiene Pública), para procurar su adaptabilidad al país; en fin, un centro científico que por sus peculiares condiciones, su material, etc., sirva de cuerpo consultivo o asesor a donde puedan concurrir los poderes públicos, las personas o agrupaciones particulares en demanda de consejo o consulta en cuestiones médicas o para-médicas". (Rev. IMS No. 42. Junio de 1924).
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La higiene social adquiere un lugar visible en la vida de las naciones cuya cultura se mide por su organización higiénica - son las palabras iniciales del Dr. Armando Solares Arroyo en una conferencia - y ésta no atiende la parte física sino también la moral e intelectual. En el antiguo Egipto ya se conocían preceptos higiénicos y la legislación de Moisés contenía las prescripciones para su pueblo. Con el desarrollo de la civilización se avanzó poco en este lineamiento por los obstáculos que producían las guerras. La atención que se puso a los conglomerados fue en el sentido de que las influencias perjudiciales menguaban la aptitud media para la vida, produciendo así variedades negativas; pero se llegó a comprender que la acción de la higiene no era conservar débiles o degenerados, sino evitar la degeneración y las enfermedades. Las prescripciones higiénicas favorecen en este sentido mucho más al individuo sano, y al abarcar todos los niveles de población su aspecto más generoso y beneficioso es llegar al elemento escolar. Los higienistas en colaboración con el médico han indicado normas para las escuelas en cuanto se refiere a la construcción del edificio, decorado, iluminación, calefacción, ventilación, mobiliario, educación física, intelectual, patología escolar, médico funcionario, etc. El Dr. Solares hizo consideración de todos estos aspectos en relación con la educación boliviana, haciendo hincapié en la ventilación y la iluminación. Explicó que no era su propósito mostrar algo novedoso sino útil en los ciclos estudiantiles locales que carecían de recursos de todo tipo. (Rev. IMS. No. 42. Junio 1924).
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El Dr. Anastasio Paravicini dictó conferencia el 5 de febrero de 1928 sobre la importancia del problema palúdico. Comenzó por señalar la causa y repercusión en los órganos de la economía que tiene esta enfermedad anemizante volviendo inerme al cuerpo humano frente a cualquier otra contingencia agresiva. Dijo que hay que pensar que un ser que viene parasitado dando alimento con su savia a innumerables seres que habitan en su interior, viene con un índice de vitalidad inferior pues los hijos de los palúdicos son susceptibles de enfermedades y degeneraciones más fácilmente. Es un semillero del mal ya que donde quiera que el agente morboso lo encuentre se constituye en un peligro para la salud general.
En Bolivia tiene gran importancia, añadía, porque el total del territorio nacional, exceptuando el departamento de Oruro, y una parte de los de La Paz y Potosí, es palúdico. Hay dentro de las zonas variaciones climáticas lo que determina las modificaciones endemológicas y epidemológicas. La mayoría de estas regiones son despobladas por la acción de este flagelo, y aunque hay grandes posibilidades económicas en ellas, no se conseguirá el beneficio de su población por este motivo.
El conferencista declaró que tenía como obsesión el procurar una cruzada antipalúdica en la cual debía tomar parte activa todas las fuerzas del país, empezando por efectuar una tarea de vulgarización. Comienza por explicar la reproducción del hematozoario y cómo el palúdico se convierte en un semillero de parásitos que se transmiten a individuos sanos si es que hay mosquitos que pueden sostener el ciclo evolutivo del parásito. Describe también al insecto inoculador y la acción que tienen clima y estaciones para determinar su multiplicación.
Mientras que indica que la quinina es el remedio específico contra el paludismo, hace hincapié en que el verdadero problema está en prevenir el paludismo cumpliendo los cuatro enunciados de Laverán: destruir los mosquitos, protegerse contra sus picaduras, curar los enfermos palúdicos por un tratamiento adecuado y saturar de quinina preventivamente a los individuos que viven en lugares palúdicos.
El Dr. Paravicini veía como una necesidad imperiosa la creación del Departamento Nacional de Higiene dotado de todos los medios para combatir éste y otros flagelos; e insistía en que se debía distribuir a precios bajos la quinina, lo que determinaría la aparición de una industria conexa para la explotación de la quina. Las conferencias, publicaciones y toda clase de propaganda son los medios para poner a la sociedad a cubierto de las asechanzas morbosas. Señalaba también que se debía crear una policía higiénica para inspeccionar los domicilios imponiendo a los habitantes las prácticas necesarias para combatir al transmisor, lo mismo que una educación integral con la enseñanza de las formas de protección contra la picadura del mosquitos. (Rev. IMS. No. 49. Abril l928. P. 8-l7).
A la salida de las escuelas se pueden encontrar ¨seres enclenques y endebles, en los que nadie parece parar atención. Sea indiferencia, sea miseria, crecen al azar, sin cuidados, pobres presas ofrecidas a la enfermedad¨. Así quiere destacar el Dr. Ezequiel L. Osorio el contraste entre pequeños seres desgraciados y los normales, que son sometidos al mismo sistema de educación. Los resultados serán evidentes con el tiempo, pues los primeros no habrán aprovechado, cualquiera sea el método empleado.
En 1919 el Director de la Escuela Normal de Maestros, Antonio Faría de Vasconcellos, inauguró un curso de médicos escolares, que comprendía las siguientes asignaturas: paidometría y oterometría, psicología del niño y del adolescente, higiene escolar, problemas de educación y organización escolar, estudio de los niños anormales psíquicos, e historia de la educación, y que duró dos años. El médico escolar debía vigilar las condiciones higiénicas de los locales, proceder al examen paidométrico y fisiológico, controlar el crecimiento del niño, intervenir en la higiene del trabajo intelectual, y hacer examen de los niños anormales psíquicos.
El autor añade a estos datos los de una historia de la inspección médica escolar en el mundo entero, concentrando esta función en higiene general de la escuela, profilaxis de las enfermedades transmisibles, examen individual antropométrico, supervigilancia de la salud física y mental, y búsqueda de estigmas degenerativos o de individuos retrasados. Con todo detalle y cuidado el Dr. Osorio anota las características que debe observarse en los procedimientos anteriormente señalados. El autor manifiesta que la higiene es la base sólida de la vida individual y social, y sin su concurso la humanidad degradaría para hundirse en una fase miserable.
Llama la atención su último párrafo: “Obrando como obra la naturaleza, deberíamos condenar despiadadamente a muerte a los débiles o mal conformados, a los novalores físicos o intelectuales, los idiotas, los hidrocéfalos, los criminales. Obrando como obra la naturaleza sería considerado como un delito el recoger y cuidar a los seres débiles y enfermizos, perfeccionar a los incompletos, conservar la salud de los nocivos, en una palabra, establecer una verdadera campaña del individuo contra la especie”. Estas serían las ideas de la época fascista que se vivía en Europa. Osorio concluía, sin embargo, que con un cuidado sistemático de la infancia se podía obtener la conservación y acrecentamiento de la salud de los niños. (Rev. IMS. No. 49. Abril 1928. P. l8-34).
Se debe restituir el premio y la sanción con un criterio sano y justo para que distingan los escolares el mérito y el demérito de las acciones. Como higienista quiere el autor señalar algunos errores antipedagógicos, refiriéndose a las penitencias. El castigo que se da a los niños de permanecer de pie o postrados de hinojos es el más contraproducente porque lastima física y espiritualmente. Se ha indicado que las actitudes de los penitentes influye en la cantidad y características de la orina, provocando eliminación de cloruros y albúmina. El autor no piensa que sea solamente una albuminuria ortostática sino una alerta del riñón pues si ese castigo se aplica frecuentemente puede producirse una lesión del riñón. Las posiciones de pie con las manos en la nuca, como suelen obligar los preceptores provoca lordosis artificial y temporal de la columna lumbar, mediante la cual se traumatiza al riñón y obstruye la circulación sanguínea de sus vasos, lo que se traduce en una isquemia del órgano. Esta actitud ocluyente aumenta más si se forza a otras posiciones irregulares de la columna vertebral. Así manifestaba su preocupación el Dr. Clovis Urioste Arana. (Rev. IMS. No. 49. Abril 1928. P. 61-64).