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Decana de las Revistas Biomédicas de Bolivia
 Volumen LXX; número 125,  febrero - marzo  2005
Número dedicado a conmemorar el centenario de creación de la Revista
1905 - 2005


MENSAJE DE SALUTACIÓN DEL PRESIDENTE DE LA
EXCELENTÍSIMA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
DR. EDUARDO RODRÍGUEZ VELTZÉ


 Cuando el Editor de la Revista del Instituto Médico Sucre, Dr. Antonio Dubravcic Luksic, me pidió que escribiera unas palabras de salutación para el número extraordinario, dedicado al centenario de esta meritoria publicación, recordé el estupendo prólogo que le dedicó en enero de 2003 el celebrado escritor colombiano Gabriel García Márquez al libro científico del Dr. Rodolfo Llinás: El cerebro y el mito del yo, sobre el papel de las neuronas en el pensamiento y el comportamiento humanos. 

El escritor y el científico descubrieron juntos la desmesura de propósitos comunes.

 Ambos, "ansiamos que el ser humano aprenda por fin a entenderse a sí mismo, que, es un tema científico cuya belleza se confunde con la poesía”, afirma el Nóbel de Literatura.  Para García Márquez, el cerebro es al fin de cuentas una máquina para soñar.  Es el órgano maestro que en realidad revela la verdad de las cosas, porque ver, oír y sentir son propiedades del cerebro que los sentidos limitan y ordenan.  De allí podemos vislumbrar dos planteamientos esenciales: cómo es que pensamos y qué es ser conscientes, y la única manera de entender el mundo en que vivimos es que empecemos por fin a entendernos a nosotros mismos. 

Efectivamente, como advierte el autor de El cerebro y el mito del yo, después de asimilar y descubrir cada día los milagros de la ciencia, "ya es bastante saber que la realidad es un sistema vivo y que hemos llegado al punto prodigioso de saber que somos parte de él".  No menos reveladora es la reflexión del médico Julio Rodríguez Rivas, en “Médicos y Brujos del Alto Perú” cuando señala que “el cienticismo médico evolutivo se bate sin descanso con la magia residual de las religiones primitivas animistas o evolucionadas, con las supersticiones, mitificaciones, engañifas y curanderismos de toda especie.  Pero al hacerlo, se olvida de la necesidad de aprender a utilizar las poderosas palancas que subyacen en la mente de todos los humanos desde el remoto pasado de la especie: la sugestibilidad, su proclividad a la emoción, la poesía, el carisma y lo milagroso; inextricablemente ligados a lo más profundamente esencial de lo humano" 

Luego, hojeando la Revista del Instituto Médico Sucre, y, parafraseando aquel viejo adagio de Pedro Laín Entralgo (en el homenaje al Director de la Revista, por el Dr. Alberto Aguirre Sandoval): “El médico que solo sabe medicina, ni medicina sabe”, advertí algunas interesantes similitudes en los conceptos y aforismos que desgrana René Favaloro, contenidos en el volumen del Dr. Aguirre Sandoval: De las noches largas y los cortos días de un viejo médico.  Los médicos pueden asegurar, ciertamente, que no hay diferencias entre ricos y pobres.  Sólo hay pacientes.  Para los jueces, del mismo modo, todos son iguales ante las leyes.  Tal es el principal axioma de la justicia que procuramos infundir todos los días entre los administradores del servicio, porque también estamos convencidos de que la salud, como la educación, pueden mejorarse si hay justicia y, sobre todo, equidad social. 

Esta comprensión cabal de los problemas del servicio público, ya sean sanitarios o de justicia es fundamental para una visión de futuro.  Como anota Rodríguez Rivas .."El conocimiento de las raíces coloniales y de la realidad actual, cuantificada, es indispensable.  La medicina, ese quehacer empírico o científico, rutinario o carismático, ese delicado arte que posibilita la adopción de medidas genéricas para casos específicos individuales o colectivos, debe, además, constituirse en mecanismo institucionalizado de amplitud y profundidad nacional y funcionar en íntima conexión y coordinación con los demás factores administrativos y valores culturales dentro del aparato dirigente con el que trabaje" 

Así como debe haber un médico y un maestro en cada rincón de la patria, también debe haber un juez que imparta justicia y aplique correctamente las leyes.  Salud, educación y justicia, son pues los derechos esenciales de las personas que nos esforzamos porque sean idealmente universales, gratuitos y accesibles. 

La Revista del Instituto Médico Sucre hace posible que el conocimiento científico, y la gran labor que realiza dicha benemérita institución sucrense, se difunda y socialice entre los socios y médicos que tienen acceso a la misma.  Un loable propósito, casi tan desmesurado como el que abrigamos todos para que se provea siempre la salud que da vida, o de la vida misma de tanta gente sedienta de justicia. 

Sucre, enero de 2005